CAP 19:
“No. No. No. No. No.” Pensaba Tom que caminaba en círculos, se sentaba en el suelo en posición fetal y lloraba, para luego levantarse de rabia, golpear todos los muros a su alrededor. Una ansiedad increíble le invadía. ¿Qué haría ahora? “Estas manos que han matado, aún sin el derecho de quitar la vida a quien sea, ni al peor alma en pena en este mundo. ¡No! No tenía derecho, así como ELLA tampoco tenía derecho de quitarles la vida a mi padre y a mi hermano. Pero ella era mala, yo no. ¿Qué me ha hecho convertirme en ella? Bien dicen que le venganza es el peor acto de un ser humano, pero yo me he dejado llevar. ¡No pensé! ¿Y ahora, qué haré? Debería buscar a mi hermano, a mi padre, ¿Y después qué? No podríamos regresar… ¿Y YO? ¿Qué hacer con mi alma negra que ha pecado de gran manera, que ha matado? Y sin embargo, dejando a un maldito lado todo, el placer fue el mejor que eh sentido.” Respiró con demasiada fuerza y salió del lugar.
Afuera del edificio donde segundos antes se encontraba, todo parecía bastante lejano a él. El frío había incrementado demasiado, o quizá era él que, aún sin sangre en sus mejillas, y con las piernas temblorosas; sentía todo demasiado frío. El aire soplaba con intensidad, y sus ojos se cerraban lentamente. Todo estaba oscuro y él se sentía tan débil como un enfermo. Sin desearlo, sus piernas se doblaron, y calló al suelo. Lo último que vio fue su mundo distorsionado que daba vueltas… y unas extrañas siluetas que se acercaban a él, sin embargo, con tanta confusión cabía la posibilidad de que simplemente se trataba de una suave ilusión. El delirio que ahora lo acogía.
El frío y un terrible dolor de cabeza hizo que se despertara, pero eso no significaba que comprendiera, aún, todo lo que había pasado y lo que estaba pasando en ese instante. Abrió los ojos, pero no veía nada, trató de ponerse de pie, pero las piernas no le respondían como a él le hubiera gustado. Quiso moverse, pero su fuerza se fue, y una sensación de vértigo lo inundó. Entonces escuchó. Era una conversación de dos personas que parecían discutir con gran pasión por algo, se debatían.
Si Tom hubiera estado seguro de que no se encontraba soñando, o entre delirando, habría asegurado con gran certeza de quién eran esas voces, más no era así
Con desesperación, por saber qué había pasado y dónde se encontraba, estiró los brazos para poder tocar las cosas a su alrededor y darse una idea de dónde estaba, ya que aún no lograba ver nada. Sin saberlo, tocó algo y logró moverlo, enseguida se produjo un ruido seco, como si algo se hubiera quebrado. Todo quedó en silencio. La conversación que había escuchado a lo lejos terminó, sumiendo todo en un silencio desesperante. Después todo desapareció.
Un gélido aire le llegó a la cara, despertándolo, una vez más. Esta vez abrió los ojos y pudo ver claramente. Miró a su alrededor. Parecía se encontraba en un viejo edificio, lleno de tierra, además de estar sumido en el olvido. Las ventanas estaban rotas, por lo que el aire penetraba sin esfuerzo alguno e inundaba el lugar. Tom, con demasiada lentitud, se puso de pie, ignorando el terrible dolor de cabeza y el frio que le llegaba hasta los huesos y le hacía tan débil como un niño pequeño y desnutrido. Trató, antes que nada, de encontrar algún signo de vida, pero parecía que no había nadie en el lugar.
¿Qué hacer ahora?, se preguntó. Trató de recordar todo lo que había pasado, su mente se burlaba de él mismo, ya que no lograba saber qué había pasado y que había sido más que un mero delirio, producto de su traicionera imaginación. Pero no, de algo estaba seguro, de que él había matado a Clarice, y ahora todo estaba bien.
¿Qué haría entonces? Le quedaba buscar a su hermano y a su padre…
Tom caminó, buscando la salida del lugar, de modo que en pocos minutos se encontraba en la calle, cubierta de una espesa nieve blanca. La noche aún seguía bastante oscura y misteriosa, más estaba por terminar, en pocos minutos la luz del sol iluminaría las calles, poco a poco.
Se encontraba solo y sin rumbo alguno, con un pesado miedo en su pecho y unos ojos que no querían ver más lo que pasaría.
La excitación que sintieron ante todo lo sucedido les impedía pensar con razón suficiente. En aquel momento exacto se encontraban viajando a otra ciudad, olvidada de Dios y de cualquier persona. Solo Bill y su padre, en un vehículo viejo que habían robado, que se movía con pesada lentitud debido a la capa de nieve que se había quedado en el asfalto tras la cruda nevada.
Ni uno decía una palabra, ni uno sentía la necesidad de decir algo, preferían refugiarse en sus propios pensamientos, con tranquilidad.
Bill, así mismo, se encontraba absorto, pensando aún en lo que acababa de vivir tan solo hacía menos de una hora. Aun sentía la fría adrenalina en sus venas, desde el momento en que vio a su hermano gemelo, caminando en la calle, a lo lejos.
Todo lo que se había planeado con demasiada cautela había salido mal. Bill y su padre habían planeado una emboscada con Clarice. Tomarla por sorpresa y matarla fríamente. Sin embargo, ambos ignoraron por completo los pensamientos de Tom, tan bien pensados.
Tom había tomado a Clarice, y la había llevado a un lugar para hacerle algo. Fueron largos minutos, en los que Gordon y su hijo se debatieron entre si deberían entrar al lugar o no. No entraron, pues para entonces vieron, a lo lejos, a Tom salir del edificio. Caminaba con cierto desconcierto, mareado y lleno de sangre por todos lados. Sin dudarlo más, ellos se acercaron a él, pero este se desmayó y calló sobre la nieve. Bill, con determinación, tomó a su hermano en brazos, y lo llevó a un lugar abandonado.
Bill y su padre se habían debatido sobre qué hacer al respecto. Al parecer Tom había hecho lo que ellos tenían planeado: matar a Clarice. “¿Y ahora?” se habían preguntado.
Bill argumentó que lo mejor sería esperar a que despertara Tom, decirle la verdad, y después, todos juntos, pensar en hacer algo con respecto a todo aquello, pero su padre se negó. “¡Piénsalo! Clarice está muerta, ya no hay quien lo detenga ni lo manipule. Tom podría regresar a la Utopía, ayudar con la guerra que hay, mejorar todo. Si se queda con nosotros, todo empeorará, querrá quedarse con nosotros, y nosotros no tenemos la mínima posibilidad de regresar a la Utopía. Le reprimiríamos.” Era cierto. En medio de todo aquel argumento escucharon un ruido, era Tom, que despertaba.
Con la decisión tomada hacía segundos, sabían que hacer. Bill se aproximó a su hermano, y con un fuerte golpe en la nuca, lo dejó profundamente desmayado. Ya despertaría más tarde cuando Bill y su padre se encontraran lejos de él, muy lejos.
Bill cerró sus ojos, pensaba en lo sucedido una y otra vez. Quería apagar su cerebro, hacer que no pensara más en eso. Su hermano, su querido hermano había quedado solo, indefenso. ¿Qué haría?
Bill, por su parte, le había dicho a su padre que lo más conveniente era hablar con Tom, llevarlo con ellos, pero su padre se negaba. No quedaba más que esperar y ver qué les preparaba el destino. Tratar de manejar la situación, y esperar lo mejor de todo.
Mientras Bill se encontraba absorto en sus pensamientos, no se percató de que su padre había detenido por completo el vehículo. Había alguien en medio del camino que les impedía seguir.
-Tengo hambre –Dijo su padre-
-Yo también
Ambos, sabiendo qué hacer, bajaron del vehículo. Con movimientos demasiado lentos, se acercaron al individuo.
-¡Gracias a Dios! Pensé que nunca nadie pasaría por aquí. Llevo bastante tiempo caminando y el frío que tengo me llega hasta los huesos. ¿Cree, buen hombre –Dijo mirando a Gordon- que podría llevarme en su vehículo a dónde sea que se dirijan? Les pagaré si acceden. Yo… estoy desesperado y…
Pero dejó que el gélido aire se llevara las palabras. Su instinto humano le advirtió de algo. Aquellas personas parecían querer… hacerle algo. Sin darse cuenta el hombre dio un paso hacia atrás, miró a su alrededor, pero al parecer eran los únicos seres en… kilómetros, por lo menos.
Bill y Gordon se acercaron al hombre aún más. Su serenidad parecía casi infernal. Sin hacer ninguna señal, más entendiéndose perfectamente, ambos actuaron como debían. Gordon corrió hacia el hombre, tomándolo fuertemente de las manos para impedir que se moviera, mientras Bill se abalanzaba sobre el cuello de éste y bebía. La sangre salpicó, manchó la blanca nieve. El sollozo del hombre resonó, una y otra vez, rompiendo el sepulcral silencio que había a kilómetros.
Bebieron hasta que el cuerpo quedó sin sangre, bebieron hasta que se saciaron, bebieron hasta que la sangre les calentó las entrañas.
La sangre caía como lluvia por la Utopía. Los gritos se mezclaban con el ruido ensordecedor de las armas. Las personas morían como si la vida no tuviese importancia. Y el caos cubría todo.
En tan poco tiempo los grupos de rebeldes dentro de la Utopía habían logrado una organización digna de una gran impresión. Con excelentes estrategias que todos admiraban. Habían logrado robar, poco a poco, suficientes de las sofisticadas armas de los soldados de la Utopía. Era lo que necesitaban, ahora eran capaces de defenderse, pelear contra los instruidos soldados. Ganar la guerra, quizá. Su plan de ataque no era el mejor de todos, tan solo una vieja táctica que se había usado en una de las grandes guerras mundiales. Consistía en acercarse a los soldados, atacar hasta estar seguros de haberlos debilitado por lo menos en un 5%, luego, irse. Repetirían la operación hasta que fuera necesario. Era un plan viejo, nada complicado y simple, pero había servido años atrás, según lo decía los viejos libros prohibidos de la verdadera historia de la humanidad. No querían ganar la guerra desde el principio, sabían que debían ser pacientes, si lograban eso que se proponían, entonces si atacarían, esta vez sin huir, atacar hasta el final, hasta la muerte; hasta que alguien ganara.
Pero esos pequeños grupos no estaban solos, sino jamás hubieran logrado algo contra los soldados; la gente fuera de la Utopía, aprovechando la situación de debilidad de la gran ciudad, había logrado entrar, así mismo toda esa gente se unía a los grupos de rebeldes para ayudar a combatir en contra de la Utopía. De modo que en tan solo algunos días los grupos de la oposición se fueron haciendo cada vez de mayor número, casi hasta llegar a tener la misma cantidad que los soldados, quizá ya los superaban en número.
Y la guerra continuaba con crueldad siniestra día con día, tiñendo todo de rojo sangre.
Georg y Gustav aún seguían escondidos en su pequeña guarida. Hubieran salido y peleado con uñas y garras, pero sus heridas habían sido demasiado graves, las quemaduras en su piel parecían no mejorar en lo más mínimo y cada movimiento que hacía les provocaba tal dolor que hubieran rogado al mismísimo diablo que les quitara la vida y los llevara al infierno con tal de parar ese sufrimiento.
Afortunadamente aquello no les duraría tanto. Habían pasado los días, largos y crueles, Georg, como todos los días, se mantenía en continua comunicación con el general del ejército de la Utopía, cuando la señal por esos sofisticados aparatos de alta tecnología comenzaron a fallar. Georg no escuchaba nada, había una gran interferencia. Se alarmó enseguida. Tenía miedo, pues había oído de unos aparatos, o “armas” que funcionan para “matar” la señal de cualquier aparato electrónico, es decir, de prácticamente todo. De modo que sin aparatos, computadoras, o cualquier cosa con la más mínima tecnología; se encontraban como en la prehistoria. No sabían que hacer. Gustav, enseguida le ordenó a uno de los soldados que se encargara de protegerlos, que saliera a echar un vistazo, pero tan pronto el hombre abrió la puerta del lugar, un puñado de hombres sucios y malolientes, bien armados, entraron al lugar, destruyendo todo, quitándoles la vida sin piedad.
Al menos ya no sufrían, al menos habían hecho lo que estuvo en sus manos hacer. Al menos habían tenido la esperanza, Georg y Gustav, de que algo mejor después de la vida les esperaría.
CONTINUARÁ...
_______
Hola, chicas! disculpen si he tardado demasiado, había estado esperando la remodelación de ésta pagina...pero mejor decidí ponerlo de una vez. Además he tenido muchos trabajos en la escuela y estuve enferma, fui al doctor un par de veces, ni siquiera fui a la escuela. Pero ya estoy mejor.
ENTREN A LA PAGINA EN FACEBOOK(clic) ATT: ELIZA!

